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Rosarito: Columna

Por Nepthali Dicochea.

Al filo de este amargo y telenovelesco capítulo de la historia política de nuestro país es inevitable hablar de lucha y sus aristas: la lucha en igualdad de condiciones conlleva un gran problema y se encuentra en la misma naturaleza del término “igualdad”.

Dicen teóricos éticos y moralistas que para el odio, el amor, que para la desesperanza, la fe, para el desasosiego el chocolate. Como si de alguna manera la dualidad del universo pudiese resolver de forma práctica todos los conflictos de la vida cotidiana. ¿Por qué no armar a nuestras policías con pistolas de amor y valores para combatir la delincuencia?, ¿Por qué no hacer tratos justos y apegados a la ley con los corruptos? O ¿Por qué no ser bondadoso con el avaro?

Paradójicamente, uno de los mayores logros en la búsqueda de la paz mundial la consiguió una comitiva de físicos teóricos. El Dr. Szilárd al redactar una carta firmada por el Dr. Einstein y enviarla al Presidente Franklin D. Roosevelt, resultó en que otro físico teórico, el Dr. J. Robert Oppenheimer y su trabajo en el Proyecto Manhattan, dieran forma al plan que resultó en el desarrollo de una bomba atómica efectiva, y bueno, esa negra, muy negra historia ni para que contarla.

Oppenheimer casi pierde el juicio, en sus propias palabras se autodescribe “me he convertido en muerte, el destructor de mundos”. Sin embargo, este suceso resultó en el mejor balance de poder que se haya conseguido en un mundo polarizado por la Segunda Guerra Mundial e inmerso en una Guerra Fria. Una bomba, no amor, ni bondad o buenas voluntades trajeron paz a un mundo polarizado que parecía nunca saldría de una espiral de violencia. El efecto es muy sencillo: “si me aniquilas te aniquilo, a ti y al mundo entero”, ¡Paradójico, paz con amenazas!

Porque en la vida, en el campo y en la política el tiempo es tiempo y árbol que chueco crece jamás su tronco endereza, entramos a un dilema existencial: el del pragmatismo y realismo, los que nos recuerdan que no vivimos doscientos años y que hay cosas en esta vida que ya no cambian con buenas intenciones.

Tal parece que de vez en cuando aparece algún justiciero, lleno de verdad, repleto de justicia, impoluto hasta los huesos y de convicciones, pero para vencer el mal se tiene que manchar las vestiduras, no por plan, no por intenciones, sino porque hay veces que la igualdad de condiciones en la lucha es el único camino, y esto, esto corrompe hasta al más sacro. 

Personajes así son necesarios para un mundo mejor, sin embargo hay que rotarlos, cambiarlos, para que lo inevitable no llegue a tragedia, para que ese odio bienintencionado no explote, ejemplos de personajes así en la historia hay muchos, pero esa lista nunca terminaría, mejor la dejamos ahí….

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